Ayer encontré una abeja en mi cuarto, parada justo al lado de una ojota. Era el destino, pidiéndome a gritos que la haga pedazos contra el piso, pero contuve mi instinto más primitivo y mientras me iba a bañar le abrí la ventana para que pudiera escapar.
Al volver de la ducha lo primero que hice fue mirar al piso, efectivamente ella seguía en el mismo lugar. Esto comenzó a llamarme la atención, estaba a punto de hablarle para contarle que la ventana estaba abierta, que se podía ir cuando quisiera.
Mientras me cambiaba decidí darle otra oportunidad, iba a salir dejando la ventana abierta, arriesgándome a que se colaran en mi cuarto toda clase de bichos, y así lo hice.
En el camino pensaba lo difícil que sería que se quede mientras yo salía, pensaba que si la encontraba al volver podía invitarla a quedarse, hacerle una casita… ¿Qué se le da a una abeja? ¿Agua? ¿Miel?
Ya entrada la noche y con algunas copas encima me olvide de mi nueva amiga.
Más tarde volví a mi casa, fui a mi cuarto, tire las zapatillas y la ropa al piso. Estaba por acostarme cuando recordé la secuencia anterior, me parecía imposible que la abeja siguiera en mi cuarto pero igual temí haberla aplastado con el vuelo de mis zapatillas.
Prendí la luz y ahí estaba, en el mismo lugar donde la había visto las ultimas dos veces. Esta vez me sorprendí mucho más, ¡había salido por más de seis horas! Me acerque lentamente y agarre la ojota, con un dedo la ayude a subirse y la acompañe hasta la ventana que seguía abierta. Permanecí con la ojota en la ventana por unos segundos pero la abeja no se movía, nuevamente con el dedo la empuje suavemente y se fue. Cerré la ventana y me fui a acostar.
Hoy al despertarme recordé mi promesa de invitarla a quedarse, hacerle una casita. Levante las persianas y me asome a la ventana, ya no estaba más.
Al volver de la ducha lo primero que hice fue mirar al piso, efectivamente ella seguía en el mismo lugar. Esto comenzó a llamarme la atención, estaba a punto de hablarle para contarle que la ventana estaba abierta, que se podía ir cuando quisiera.
Mientras me cambiaba decidí darle otra oportunidad, iba a salir dejando la ventana abierta, arriesgándome a que se colaran en mi cuarto toda clase de bichos, y así lo hice.
En el camino pensaba lo difícil que sería que se quede mientras yo salía, pensaba que si la encontraba al volver podía invitarla a quedarse, hacerle una casita… ¿Qué se le da a una abeja? ¿Agua? ¿Miel?
Ya entrada la noche y con algunas copas encima me olvide de mi nueva amiga.
Más tarde volví a mi casa, fui a mi cuarto, tire las zapatillas y la ropa al piso. Estaba por acostarme cuando recordé la secuencia anterior, me parecía imposible que la abeja siguiera en mi cuarto pero igual temí haberla aplastado con el vuelo de mis zapatillas.
Prendí la luz y ahí estaba, en el mismo lugar donde la había visto las ultimas dos veces. Esta vez me sorprendí mucho más, ¡había salido por más de seis horas! Me acerque lentamente y agarre la ojota, con un dedo la ayude a subirse y la acompañe hasta la ventana que seguía abierta. Permanecí con la ojota en la ventana por unos segundos pero la abeja no se movía, nuevamente con el dedo la empuje suavemente y se fue. Cerré la ventana y me fui a acostar.
Hoy al despertarme recordé mi promesa de invitarla a quedarse, hacerle una casita. Levante las persianas y me asome a la ventana, ya no estaba más.

