miércoles, 11 de marzo de 2009

La impresora de los sueños

Claro, ¡como una impresora de los sueños! Que don maravilloso el de la pintura, pensé. Si supiera dibujar todos podrían ver aquello que se cruzara por mi mente. Por un segundo la idea me pareció genial, luego, me daba escalofríos.
Ningún artista puede evitar plasmar sus ideas en un lienzo, por ende, sus mayores secretos nunca estarán bien guardados.
Como un pedo en una sábana, hay cosas que son solamente para uno.
¿Qué sería del mundo si todos pudiesen transformar en realidad sus ideas? Probablemente ya nada nos sorprendería. Aun peor, nuestras mayores fantasías nos parecerían comunes y vulgares.
Nunca intenten contar un buen sueño, jamás será tan vivo como cuando realmente sucedió, y el desprecio de nuestros comensales nos hará sentir que no fue tan real.
Con tantos pintores, cineastas, arquitectos y taxistas hay que estar atentos. Nunca sabemos cuando pueden robarnos un sueño, y cruzarlo por la calle bajo la firma de otro.
Duermo tranquilo. Mis sueños vivirán por siempre, lejos de los ladrones de ideas, para nunca volverse realidad.

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