Aparentemente el gran secreto de la vida es uno solo y consta de dos partes.
Por un lado, es ese sueño interruptus que tenemos desde chicos y que se nos repite cada tanto agregándole de a poco retazos de escenas. Ese que nos deja una extraña sensación, mezcla de deja vu y de habernos despertado justo antes de ver el final.
La otra parte es esa cara que cruzamos por la calle y por mas que lo intentamos no pudimos recordar de donde nos sonaba.
Dicen que quienes mueren de noche sueñan por última vez que están en un gran cine, de paredes blancas y butacas muy cómodas donde solo hay dos personas. Al apagarse las luces comienza la función y el soñador permanece en silencio contemplando maravillado la extraordinaria proyección.
Dicen también que cuando esta finaliza el hombre se pone de pie y mientras sus lágrimas inundan la sala aplaude con más fuerza y emoción que nunca.
Lo curiosos sucede cuando comienzan a pasar los créditos y el espectador descubre no solo que la fecha de realización es la misma que la de su nacimiento, sino también que es solo su nombre el que se repite bajo los rótulos de director, actor, productor ejecutivo y camarógrafo.
Es ahí cuando uno comprende que esa es la película de su vida, la misma que vio una sola vez entera segundos antes de nacer y que se le repitió a lo largo de toda su vida en forma de un gran sueño inconcluso.
Es al final de la proyección que el hombre encuentra respuesta a todas sus dudas que nunca pudo responder.
En ese momento vuelven a encender las luces y el soñador recuerda la presencia de un segundo espectador en las primeras filas. En ese instante este se da vuelta y mientras camina hacia nuestra butaca recordamos quien ese. El mismo que nos paso la película por primera vez, ese que cruzamos por la calle pero no pudimos recordar de donde lo conocíamos.
Se acerca aplaudiendo, porque el también disfruto la función, y con una mirada te confirma aquello que el filme te ayudo a descubrir.
Por cortesía te pregunta si hay algo que quieras saber, si hay alguna pregunta que quieras hacerle. Ya sin ninguna duda, un simple movimiento de negación basta para que te acompañe hacia la salida y con una última mirada te deje andar solo por un largo pasillo blanco.
Dicen también, que son aquellos que se quedan con dudas quienes amanecen aturdidos en un quirófano. Este es el caso del célebre escritor Victor Sueiro, una eminencia contando historias del más allá, pero malísimo a la hora de interpretar una película.
Por un lado, es ese sueño interruptus que tenemos desde chicos y que se nos repite cada tanto agregándole de a poco retazos de escenas. Ese que nos deja una extraña sensación, mezcla de deja vu y de habernos despertado justo antes de ver el final.
La otra parte es esa cara que cruzamos por la calle y por mas que lo intentamos no pudimos recordar de donde nos sonaba.
Dicen que quienes mueren de noche sueñan por última vez que están en un gran cine, de paredes blancas y butacas muy cómodas donde solo hay dos personas. Al apagarse las luces comienza la función y el soñador permanece en silencio contemplando maravillado la extraordinaria proyección.
Dicen también que cuando esta finaliza el hombre se pone de pie y mientras sus lágrimas inundan la sala aplaude con más fuerza y emoción que nunca.
Lo curiosos sucede cuando comienzan a pasar los créditos y el espectador descubre no solo que la fecha de realización es la misma que la de su nacimiento, sino también que es solo su nombre el que se repite bajo los rótulos de director, actor, productor ejecutivo y camarógrafo.
Es ahí cuando uno comprende que esa es la película de su vida, la misma que vio una sola vez entera segundos antes de nacer y que se le repitió a lo largo de toda su vida en forma de un gran sueño inconcluso.
Es al final de la proyección que el hombre encuentra respuesta a todas sus dudas que nunca pudo responder.
En ese momento vuelven a encender las luces y el soñador recuerda la presencia de un segundo espectador en las primeras filas. En ese instante este se da vuelta y mientras camina hacia nuestra butaca recordamos quien ese. El mismo que nos paso la película por primera vez, ese que cruzamos por la calle pero no pudimos recordar de donde lo conocíamos.
Se acerca aplaudiendo, porque el también disfruto la función, y con una mirada te confirma aquello que el filme te ayudo a descubrir.
Por cortesía te pregunta si hay algo que quieras saber, si hay alguna pregunta que quieras hacerle. Ya sin ninguna duda, un simple movimiento de negación basta para que te acompañe hacia la salida y con una última mirada te deje andar solo por un largo pasillo blanco.
Dicen también, que son aquellos que se quedan con dudas quienes amanecen aturdidos en un quirófano. Este es el caso del célebre escritor Victor Sueiro, una eminencia contando historias del más allá, pero malísimo a la hora de interpretar una película.

Como ya te dije en su momento,
ResponderEliminareste texto me encanta.
Felicitaciones por el blog (: